Han pasado muchos años pero conserva la estampa de siempre: bajito, menudo, simpático y un tanto tímido. Todos los domingos cuando empieza la temporada le podemos ver en televisión española. ¿Quién lo diría? Subido en un caballo participando en alguna carrera en el hipódromo de “La Zarzuela” o en otras pruebas hípicas en “Lasarte” o en las doradas arenas gaditanas de Sanlucar de Barrameda.
Para esta profesión, jockey, se nace, son los genes los que aportan unas características no fáciles de encontrar en el resto de los mortales y él las reúne todas. Pero no por ello se tiene el éxito garantizado, como todo en la vida exige un sacrificio y una disciplina. Si tenemos además en cuenta que salió de un pueblo pequeño como el nuestro y llegó a Madrid con lo puesto, su mérito es por partida doble.
Aún le veo a través del retrovisor de la memoria cruzar a galope la calle Real en un jaco entrado en años que tenía Avelino. A pelo, agarrado a las crines del equino y con las piernas pegadas a los costados del animal. Lanzarse con el caballo por los olivares o por las pistas de los pinares en las tardes de verano.
Según él cuenta, un forastero se fijó en sus cualidades innatas y le propuso ir a Madrid a formarse en una escuela de equitación. Con apenas quince años tomó la decisión y salió del pueblo por primera vez camino de la capital del reino. El cambio fue brutal, pero tuvo los redaños suficientes para aprovechar la oportunidad que le ofrecía la vida. Atrás quedó el pueblo, su familia, sus amigos y enfrente surgió la vorágine de la gran ciudad, lo desconocido hasta entonces. Pero se supo adaptar, concentrar en su trabajo y no sucumbir a la melancolía del terruño y a las tentaciones que por primera vez en su vida le ofrecía la metrópoli madrileña. Afrontó la lejanía y la soledad con la entereza del campeón en ciernes. Con la fuerza y la determinación mental de creer en el triunfo, difícil de vislumbrar en su pequeña estatura de gran hombre. Fue cuestión de tiempo que empezaran a llegar los laureles de la victoria en las carreras. Que se hiciese un hueco en la élite de los mejores jinetes españoles. Que cruzase la meta en primer lugar en los grandes premios. Que saboreara el triunfo de estar en lo alto del cajón en los hipódromos de nuestro país.
Le vi estas Navidades en Descargamaría, hacía tiempo que no venía y charlamos. Me contó de forma amena y entretenida muchas de sus experiencias en el mundo del caballo a lo largo de su carrera como profesional. Me asombró la humildad con que lo hizo, la sencillez con que narró sus éxitos, la expresión sin ambages con la que me reveló su trayectoria como jinete. Una lección de superación digna de ejemplo para estos tiempos de vanagloria fatua, adulación al ego y falsa fe en el triunfo rápido. Fueron varias las anécdotas que contó, como fue con el tiempo superando su timidez con los medios informativos. Como en cierta ocasión, cuando un periodista le preguntó de dónde era, le respondió que de Descargamaría. El entrevistador sorprendido al escuchar el nombre del pueblo, le preguntó que por dónde caía el municipio en cuestión. Santiago le respondió: “Cerca de Plasencia, Coria, Moraleja…se ve que está usted muy mal en geografía. Le recomiendo que viaje más por Extremadura, aprenderá cosas nuevas”. He conocido gente que ha sentido vergüenza de decir el nombre de nuestro pueblo, Descargamaría, cuando le han preguntado de dónde es. Santiago, “Chaguín”, como siempre le hemos llamado sus paisanos, ha hecho por el contrario ostentación y ha proclamado con orgullo su procedencia. Jamás ha olvidado dónde nació y siempre que puede retorna a su tierra, al encuentro con los suyos. Lo hace sigilosamente, sin alardes, sin llamar la atención.
El pasado año 2007 figuró en el ranking en el puesto número 9 y fue primero en doce carreras: tres en “La Zarzuela; cinco en Mijas y cuatro en Dos Hermanas. En 2006 ganó nueve carreras: una en “La Zarzuela”; una en “Lasarte” y cinco en “Mijas”. Eso en los últimos dos años porque son muchísimas las carreras en las que ha participado y ha ganado o ha quedado entre los primeros puestos.
Siendo uno de los deportistas extremeños más importantes que ha dado nuestra tierra, no ha tenido el más mínimo reconocimiento por parte de la prensa regional, ni de sus instituciones públicas o privadas. Pero los primeros que deberíamos hacerlo seríamos nosotros, tus paisanos, la gente de tu pueblo. Todo se andará para que así sea, tú mientras cabalga en pos del triunfo y lleva el nombre de Descargamaría por los hipódromos de España, campeón.


